13 de octubre de 2017

REDES SOCIALES, CIBERSEGURIDAD Y DEMOCRACIA

Durante la campaña presidencial americana de 2016, unas 500 cuentas de supuestos ciudadanos americanos fueron sigilosamente abiertas en Facebook. Dichas cuentas compraron más de 3.000 espacios publicitarios políticos, y empezaron a emitir opinión sobre el curso de los acontecimientos, a abrir foros de debate, y a participar en debates preexistentes. Alrededor de las mismas se generaron falsas noticias (“fake news”) y posts inflamatorios (“inflamatory posts”), que se propagaron viralmente por la red, según The New York Times, en un ejercicio de operaciones organizadas por alguna misteriosa entidad, con la aparente finalidad de influir en los resultados presidenciales. Quienes estaban inyectando material de modulación de la opinión pública no eran pacíficos ciudadanos americanos. Eran trolls (agentes anónimos) rusos. Más de 100.000 $ fueron invertidos en la red social por grupos de activistas vinculados a la inteligencia rusa. Su efecto alcanzó a más de 10 millones de usuarios.

Hoy existe una batalla legal para que esas cuentas radiactivas sean desveladas, pero Facebook no quiere hacerlo (aunque sí que las ha compartido con el Congreso norteamericano).  Al fin y al cabo, Facebook es una compañía con negocios globales, y quizá no acierta a ofrecer soluciones a este inesperado problema, que hasta hace muy poco negaba, y que parece que tiene una dimensión muy superior a la que parecía. Sin embargo, la estrategia de intromisión digital va más allá de Facebook. Google ha hecho público que existen evidencias de material de influencia digital rusa en Youtube, Gmail y otras plataformas digitales. Incluso en Instagram, red de amplio uso entre adolescentes.

¿Tuvo Facebook un rol decisivo en la victoria de Donald Trump? Quizá nunca lo sepamos. Pero lo que ha ocurrido es un punto de inflexión en la concepción de la democracia y en el control de los instrumentos que pueden afectarla. Si, en lugar de los 100.000 $ detectados en modo de interferencia rusa para alterar la opinión pública norteamericana, alguien hubiera invertido un billón de dólares, ¿qué hubiera pasado? ¿Se puede modular, o incluso, transformar completamente un estado de opinión en una gran muestra de población conectada digitalmente? El posible impacto de Facebook en el resultado de unas elecciones parece, hoy por hoy incuestionable. Ya en 2010 se llevó a cabo un interesante experimento. En unas elecciones al congreso, se añadió a Facebook una aplicación electoral que constaba de tres gadgets: un mapa con los lugares de voto, un botón “I’ve voted”, y, una vez presionado éste, un gráfico que presentaba la imagen de 6 contactos que también habían votado. Se estimó que la aplicación movilizó directamente 60.000 nuevos votantes (que se hubieran abstenido sin ella), e indirectamente (a través de los contactos), 340.000 votos más. Algo que podía ser absolutamente decisivo, teniendo en cuenta que George Bush ganó Florida (y la presidencia) por sólo 537 votos.

Sumemos a ese brutal potencial de incidir en la opinión y en la conducta del ciudadano los potentes algoritmos de inteligencia artificial que están desarrollando todas las grandes empresas en la frontera digital, y su inmensa base de datos de usuarios (más de 2.000 millones en Facebook). ¿Y si, por ejemplo, Zuckerberg -o alguien que le pague por ello- detecta y segmenta automáticamente todos aquellos usuarios de Facebook cuyo perfil está relacionado con una determinada opción política, e inmediatamente empieza a diseminar material dirigido, para disuadirles de votar, o inducir un cambio de opción de voto? En marketing, las aplicaciones son inmediatas. Si queremos crear un estado de opinión sobre un producto -en positivo o en negativo-, sólo cabe acudir a Facebook. ¿Podríamos generar una campaña ofensiva de desprestigio del competidor, y borrarlo del mapa, a través de fake news u otras artimañas psicológicamente más elaboradas? ¿Podemos crear nuevas necesidades, de la nada, gracias a brutales campañas de márketing indirecto en Facebook? ¿Podemos posicionar o desposicionar un producto o una marca instantáneamente a través de redes sociales? 


En el mundo digital aparecen tantas oportunidades inesperadas como escalofriantes amenazas. A medida que digitalización se extiende, los dispositivos se interconectan y aparecen capas superiores de inteligencia, más y mejores sistemas de prevención y control deben activarse. La seguridad informática y el buen uso de los sistemas de información no sólo serán un tema estratégico a nivel militar, o político. Lo serán por su posible afectación en cualquier ámbito de la vida cotidiana. Este campo dará mucho que hablar en el futuro. Si lo descuidamos, podemos encontrarnos magnates rusos decidiendo elecciones en EEUU o Alemania, yihadistas convirtiendo en misiles las flotas de vehículos autoconducidos de las ciudades occidentales, o hackers norcoreanos dosificando la insulina de los enfermos de diabetes. Si conoce alguna start-up de ciberseguridad, invierta en ella. 

7 de octubre de 2017

DESDE LA DESOLACIÓN

Escribo desde la desolación de una semana que jamás podré olvidar. Empresas emblemáticas han anunciado que abandonan mi tierra, abrumadas por el miedo a la inseguridad jurídica y la incertidumbre ante lo que puede pasar. Caixabank (“La Caixa”), Banc de Sabadell, Gas Natural, Aguas de Barcelona, Oryzon Genomics, Dogi, Service Point… Empresas que temen quedar atrapadas en una especie de tierra de nadie, fuera del paraguas de la Unión Europea, posiblemente el mayor proyecto de solidaridad política y social del mundo. Proyecto que fue diseñado tras un siglo de guerras que desgraciadamente se ha borrado de nuestra memoria colectiva. 

Es cierto que quizá el movimiento de fuga de alguna de esas empresas sea sólo táctico, momentáneo, para tranquilizar a sus accionistas ante la imprevisibilidad y extrema incertidumbre del momento. Muchas volverán, porque sus mercados continúan aquí. Al final, sólo trasladan sus sedes sociales. Pero algo me dice que el fondo es estratégico. Catalunya puede perder en pocos días gran parte de sus activos financieros, tecnológicos e industriales, acumulados a lo largo de años de paciente trabajo. Me temo que una vez en otros entornos, poco a poco, nuevos directivos y nuevos horizontes se irán apoderando de esas compañías, alejando la posibilidad de nuevas inversiones, crecimiento y empleo en Catalunya. Deseo equivocarme. Pero, desgraciadamente, estos días turbulentos han empañado la potente imagen de Barcelona, y su marca internacional. Una ciudad abierta y cosmopolita, cuyo cénit se logró con los magníficos Juegos Olímpicos del 92, otro gran proyecto de colaboración y generosidad. Mucho deben cambiar las cosas para que las imágenes de esta semana, diseminadas por todo el planeta a velocidad digital, no eviten la cancelación de nuevas inversiones y la atracción de talento internacional. Miles de jóvenes estudiantes, que tenían Barcelona entre sus preferencias para formarse y disfrutar de una de las ciudades más bonitas del mundo, pueden estar ya buscando otros destinos en el mapa.

Perdonadme estos días de infinita tristeza. Se me agotan las ganas de seguir hablando sobre innovación, de seguir explicando batallitas sobre países y empresas que despuntan y generan valor, y de seguir motivando alumnos y lectores para que aprendan a innovar con éxito en un mundo cada vez más global, más complejo, y más dinámico. ¿Qué nos está pasando? ¿Vivo en una pesadilla? En una semana han pasado ante mis ojos, como en un surrealista cuadro de Dalí, imágenes de cargas policiales, ciudadanos aporreados por implacables antidisturbios, caceroladas en la noche, banderas por todas partes, escraches, carreteras cortadas, discursos irresponsables, miedos de corralitos, y fuga de sueños, muchos sueños que se van… No conozco la solución, ni quiero caer en la trampa de señalar al culpable. Quizá una generación entera de políticos deba marcharse urgentemente y dar paso a una nueva oleada de líderes que sepan reconducir la situación, buscar consensos, reparar las heridas, y recuperar el valor económico y social perdido.

Por suerte, siempre queda la montaña, el otoño, y el paso del tiempo, que también se llevará unos días tristes, que espero que olvidemos pronto.

25 de septiembre de 2017

SORPASSO DIGITAL

Según Bloomberg (ver aquí), Amazon se ha convertido ya en la empresa líder mundial en I+D, desbancando al antiguo campeón, Volkswagen. No es un tema menor. Es la prueba del nueve de que las tecnologías expansivas que van a impactar de modo más disruptivo en los próximos años son tecnologías de base digital (capitaneadas por la inteligencia artificial), y una nueva evidencia del cambio de signo de la economía del siglo XXI. Dejamos atrás las tecnologías industriales, y nos enfocamos masivamente en tecnologías digitales (sin obviar los campos de interacción entre ellas). Las empresas en la frontera digital, todas ellas extremadamente jóvenes, controlan definitivamente el mundo económico, dejando atrás a gigantes automovilísticos, químicos o farmacéuticos. Entre las diez empresas con mayores presupuestos de I+D del mundo, seis pertenecen a la esfera de la digitalización y las comunicaciones móviles: Amazon, Alphabet (Google), Intel, Microsoft, Huawei y Apple. Amazon invierte en I+D tres veces más que la vieja IBM, y su impacto en la economía se empieza a notar por todas partes. No sólo en el ocaso del retailing mundial (la quiebra de Toys R Us, la gran cadena de juguetes, es la última muestra de cómo el e-commerce está acabando con la distribución tradicional). También en la presión sobre rivales de naturaleza similar, como Google, que ve cómo el público deja de usar su buscador para encontrar productos y ofertas, y desvía su tráfico directamente hacia la gran interfase de compra mundial: Amazon.

¡Cómo ha cambiado el panorama en sólo una década! En 2004 ni una sola de las grandes plataformas digitales del mundo internet figuraba en el podio de la I+D mundial. Si entre los 10 líderes de 2004 encontrábamos 4 empresas automovilísticas (Ford, Toyota, Daimler y General Motors), hoy sólo queda Volkswagen en el “top ten” como último representante del viejo mundo del motor. Si los campeones del incipiente mundo digital eran Microsoft e IBM en 2004, hoy ya son seis los líderes digitales que figuran en el top. Si Siemens y Matsushita aparecían en 2004, hoy no queda ningún grupo industrial en la cima.


La gran batalla competitiva gira definitivamente hacia las tecnologías digitales. Que van a afectar profundamente la forma en que vivimos, trabajamos, aprendemos, consumimos, nos relacionamos, y opinamos, de manera inesperada e inquietante. Basta saber que, durante las últimas elecciones americanas, fueron abiertas en Facebook unas 400 cuentas falsas (conectadas a cuentas rusas), de teóricos ciudadanos norteamericanos, que compraron alrededor de 100.000 $ en diferentes anuncios publicitarios, y generaron infinidad de comentarios políticos (al parecer, de forma automática, mediante bots -robots digitales capaces de sintetizar texto o voz-) con la finalidad aparente de crear estados de opinión e incidir el resultado de los comicios. Ni siquiera Facebook conoce el alcance de este ciberataque (o cibercampaña), como acaba de reconocer el propio Zuckerberg. Una diferencia fundamental de las plataformas digitales respecto a las viejas marcas industriales es que, en un nuevo paradigma de sistemas de información que está en fase de gestación, las primeras no son capaces de controlar el impacto que sus procesos internos y externos pueden generar. Entramos, definitivamente, en la Era Digital.

10 de septiembre de 2017

¿ACEPTARÍAS UN ROBOT COMO CEO?

La Inteligencia Artificial causará en los próximos años una revolución que hará palidecer la llegada de internet. El incremento de potencia de los procesadores electrónicos, combinados con el desarrollo de nuevas tecnologías core en el campo de la Inteligencia Artificial (como machine learning, deep learning o reinforcement learning), más tecnologías de interacción (como visión artificial, realidad aumentada, y reconocimiento de voz y texto) crean el escenario perfecto para una explosión de nuevas aplicaciones en campos como los negocios, la administración, la educación, la defensa o el sistema sanitario.

La Inteligencia Artificial comprende un conjunto de tecnologías capaces de obtener datos del entorno, procesarlos, extraer patrones, tomar decisiones, evaluarlas, mejorar de su experiencia e interactuar de nuevo con el entorno, dando respuesta a los inputs recibidos. La interacción es casi humana (reconociendo imágenes, texto o voz, y respondiendo con inteligencia social, mediante voz o texto). Su expansión redefinirá por completo la relación persona-máquina y multiplicará, si cabe, el impacto de los sistemas de información en la sociedad moderna. Machine learning permite que las máquinas mejoren y corrijan sus errores. Deep learning habilita que se autoprogramen y redefinan sus mecanismos de funcionamiento internos (mediante redes neuronales artificiales que imitan el cerebro humano), y reinforcement learning facilita que aprendan desde cero, a partir de reglas simples, por prueba y error, hasta la frontera de lo posible. Los sistemas que ganaron a los campeones mundiales de Póker o Go desarrollaron excelencia en el juego desde la nada, a partir de sus reglas básicas, jugando miles de veces contra ellos mismos a la velocidad de la luz.

La máquina del futuro (imaginemos, el iPhone de 2030) será un dispositivo con la capacidad de cálculo de un supercomputador, conectado a bases de datos con toda la información disponible en el mundo, capaz de ver, leer y oír como un humano (entendiendo lo que ve, oye y lee); con habilidades de aprendizaje hasta el límite de la eficiencia en una tarea determinada (como jugar al ajedrez, analizar una inversión, identificar un cáncer a partir de una imagen, o detectar un estado de ánimo por la expresión facial de una persona); y capaz de interactuar (hablando o escribiendo) con inteligencia social y emocional casi humana.

Las aplicaciones de este tipo de dispositivo son infinitas. Imaginación al poder. Hoy existen algoritmos digitales que atienden consultas de alumnos en universidades, analizan inversiones, aconsejan estrategias jurídicas, diseñan logos, componen sinfonías, pintan cuadros (identificando los trazos o los ritmos de Bach o Rembrandt respectivamente, y replicándolos en nuevas combinaciones creativas), escriben noticias de actualidad, deciden titulares en periódicos, diagnostican enfermedades, o atienden a clientes en procesos de venta. Cada día aparecen noticias más sorprendentes sobre la Inteligencia Artificial: desde start-ups que ofrecen clones digitales de una persona (ver  http://eterni.me/: algoritmos que “captan” su personalidad, sus expresiones, y sus patrones de toma de decisiones y quedan almacenados para la eternidad como un avatar digital -quizá en un smartphone-, para cuando usted ya no esté), a sistemas capaces de anticipar enfermedades, o determinar orientaciones sexuales a partir de sus expresiones faciales (ver noticia aquí). China, país que ha apretado el acelerador con la vista puesta en el liderazgo mundial en esta (y otras) tecnologías, se propone desplegar sistemas ubicuos de reconocimiento facial para aplicaciones de seguridad. En China, alguien reconocerá en todo momento su cara para darle acceso a su oficina, al tren o al médico. También determinarán, en base a ella, si puede usted ser un asesino, si es homosexual, o si está sufriendo una depresión (ver aquí). El lado oscuro de la fuerza estará presente en la Inteligencia Artificial.


La revista Journal of Management Inquiry me ha publicado un artículo sobre el futuro del management en un mundo de cerebros electrónicos (ver aquí). ¿Cuál es el futuro del management (una ciencia social), en un mundo donde los humanos seamos reemplazados de forma creciente por máquinas, tanto en actividades repetitivas como específicas, cognitivas o manuales?. ¿Puede un robot dirigir una organización? ¿Puede liderar? ¿Puede emprender? El management se va a ver fuertemente impactado por estos sistemas. No sólo en aquéllos procesos de negocio más dependientes de los datos y de la optimización matemática (como la dirección de operaciones o el supply chain). También en procesos que requieran creatividad, estrategia y socialización. Alguien puede creer que la dirección estratégica, la innovación o la relación con el cliente serán las últimas reservas del management humano. Pero la fuerza de la tecnología nos presenta cada día más evidencias de que las máquinas también son capaces de desarrollar mejores estrategias, mejores diseños creativos, más innovación y mejor interacción con el cliente que los humanos. ¿Cuánto tiempo tardaremos en ver nuestros CEOs substituidos por algoritmos de machine learning?

1 de septiembre de 2017

IND+I SCIENCE: PREMIS PER LA RECERCA ORIENTADA A CATALUNYA

IND+I Viladecans (http://indi.cviladecans.cat/) és una iniciativa de l’Ajuntament de Viladecans, juntament amb la Generalitat de Catalunya, Incasòl, Delta BCN, Diputació de BCN i Àrea Metropolitana. L’objectiu: generar coneixement i opinió, debatre i liderar iniciatives sobre innovació, recerca industrial i noves tecnologies per tal de millorar la competitivitat territorial i crear impacte econòmic i social. Compta amb el suport de la Universitat de Vic- Universitat Central de Catalunya, Eurecat, EsadeCreàpolis, Pacte Industrial de la Regió Metropolitana, Deusto, Fira de Barcelona, Pla Estratègic Metropolità, CECOT, Cambra de Comerç de Barcelona i Roca Radiadors, entre d’altres.

Una de les seves iniciatives és IND+I Science. El seu objectiu és alinear la recerca existent sobre innovació per tal d’orientar-la a la generació de coneixement útil pel desenvolupament competitiu de Catalunya. Amb aquesta finalitat, l’IND+I Science llança 8 premis de recerca per propostes de tesis doctorals amb impacte sobre innovació, indústria i l’agenda de les ciutats sostenibles. La iniciativa es fa conjuntament amb l’Institute for Innovation and Public Purpose de la Dra. Mariana Mazzucato (https://www.ucl.ac.uk/bartlett/public-purpose/news/2017/jul/iipp-joins-forces-indi-launch-competition-develop-new-notions-public-value)

A Catalunya existeix talent, i es fa recerca de qualitat en l'àmbit de la innovació, la indústria i l'agenda de les ciutats sostenibles. Les universitats catalanes disposen de nombrosos grups de recerca relacionats amb aquests temes i, contribueixen de forma rellevant a les revistes científiques especialitzades d’arreu del món.
 
No obstant, aquesta producció de coneixement està atomitzada. La major part de les nostres universitats, departaments i instituts no connecten entre ells la recerca generada ni l’alineen en base a un fil o objectiu comú d’acumulació de coneixement.  Això fa que en general, la recerca no sigui directament útil per a la nostra economia i societat. Es podria dir que aquesta falta de direccionalitat general també és causada per la falta d’un encàrrec sistemàtic des de les institucions públiques i privades que podrien ser-ne usuàries. L'Institut Basc per la Competitivitat, Orkestra (DEUSTO – Govern Basc), seria un bon exemple de com es pot fer ambdues coses, amb un resultat evident pel que fa a la influència del pensament i recerca científiques sobre el disseny i la implementació de polítiques públiques de desenvolupament econòmic i territorial d’Euskadi. Es tracta de fer possible, en el cas de la innovació, la indústria i les ciutats, el que sembla moltes vegades impossible: la tercera missió de les universitats.

L'IND+I inicia aquest curs el projecte IND+I Science per a omplir aquest buit, en un moment històric de revolució tecnològica en el que moltes coses de la nostra vida i la nostra manera de consumir i produir de bens i serveis està canviant radicalment. Els 8 premis de 1.500 euros d’enguany són el primer pas per anar construint un espai - palanca de generació de coneixement que sumi tot el que ja s'està fent en aquest àmbit. Poden presentat assajos els estudiants de doctorat d’una Universitat de Catalunya o, en cas d'estudiants catalans, també de qualsevol programa de doctorat d’universitats espanyoles o estrangeres.

Per a assegurar la màxima qualitat científica i la connexió del coneixement generat a Catalunya amb el de la resta del món, l’IND+I Science compta amb la col·laboració activa de Mariana Mazzucato, ponent principal de l’última edició de la jornada IND+I, i el recentment creat Institute for Innovation and Public Purpose (University College of London) que ella dirigeix i des del que apadrina aquesta iniciativa. Aquest soci formarà part del jurat, tot prioritzant l’exploració, en els àmbits de la innovació, la indústria i les ciutats, de l’ús de conceptes i mètriques diferents de valor públic per aconseguir objectius socials i de sostenibilitat, en la línia del model d’innovació per missions proposat per ella.
 
D’altra banda, per a convocar aquests premis de recerca, l’Ajuntament de Viladecans compta amb el finançament de l’Àrea Metropolitana de Barcelona i suma de manera estratègica amb el Pla Estratègic Metropolità de Barcelona i el Pacte Industrial de la Regió Metropolitana de Barcelona, dos associacions compromeses amb el desenvolupament i la sostenibilitat del territori metropolità i amb vocació de contribuir a incentivar, divulgar i apropar  el coneixement basat en evidència científica als agents públics i privats que prenen decisions al nostre país.

Per més detalls, podeu veure aquí les bases dels premis: http://indi.cviladecans.cat/wp-content/uploads/Convo-indi-science-en.pdf. No us despisteu, el termini s’acaba el 20 d’octubre.

Xavier Ferràs i Jordi Garcia, President i Secretari del Comitè Científic IND+I



30 de agosto de 2017

COSTE MARGINAL CERO

¿Nos acercamos a una economía de coste marginal cero? Esta es la tesis que anticipaba Jeremy Rifkin hace unos años en su libro “The Zero Marginal Cost Society”. ¿El avance de la tecnología nos lleva a un modelo económico donde bienes y servicios se produzcan a coste cero? Parece que es así. La economía digital tiene naturaleza de coste marginal cero. Desarrollar un nuevo programa de software (por ejemplo, un nuevo sistema operativo) es una inversión significativa. Pero la segunda unidad es una copia digital de la primera, cuyo coste de producción es nulo. Esta característica se extiende a medida que la economía se digitaliza: realizar una superproducción cinematográfica, un nuevo single musical, o un best-seller significa una inversión en tiempo y dinero. Pero los canales digitales las distribuyen a coste cero. El coste marginal de un usuario más en Facebook es cero. El coste de formar un alumno más en un curso on-line, o a través de un MOOC es nulo. Una vez programado un sistema automático de inteligencia artificial (un “bot” -robot de voz-) para atender al alumno en una universidad, para recibir quejas del cliente en un call center, o para asesorar clientes on-line en una entidad bancaria, el coste de un servicio adicional (una nueva consulta) es cero. Y, el sistema puede atender miles, o cientos de miles de consultas simultáneas. Cuando tengamos sistemas de asesoramiento personalizado basados en inteligencia artificial (en medicina o derecho, por ejemplo) dispondremos de médicos o abogados a coste cero. Cuando se popularicen los avatares digitales interactivos, el coste de un profesor digital, o de un responsable de ventas digital con capacidad cognitiva casi humana será cero. El coste de un transportista será cero cuando se extiendan los algoritmos de conducción automática: el primer algoritmo de, por ejemplo, un nuevo modelo de Tesla tendrá un coste de desarrollo muy elevado. Pero el mismo algoritmo podrá ser distribuido digitalmente, a coste cero, a todos los vehículos de Tesla. Y, a medida que dichos algoritmos aprendan de su experiencia (machine learning), transmitirán sus conocimientos (se actualizarán las versiones de software) a coste cero al conjunto de vehículos Tesla, haciéndolos más y más eficientes

La presión hacia el coste cero no sólo se debe a la naturaleza de los sistemas digitales. Los propios sistemas digitales hacen más eficiente la competencia económica y la disponibilidad de información en otros sectores. Por ejemplo, mediante sistemas de economía colaborativa. La presión hacia el coste cero se ejerce también mediante agresiva innovación de procesos o mediante operaciones corporativas y brutales economías de escala (es interesante ver cómo Whole Foods, cadena de supermercados orgánica, posicionada en el segmento premium está bajando precios por debajo de la cadena de descuento Walmart, tras la compra de la primera por Amazon). Y la propia revolución tecnológica genera una potente deflación en los productos. La tecnología, con ciclos de desarrollo cada vez más cortos, es una increíble fuerza deflactora (reductora de precios): un producto tecnológico de nueva gama pierde buena parte de su valor inmediatamente después de su compra, obsoletado inmediatamente por nuevas generaciones de producto.

El fenómeno se extiende más allá de los sectores de naturaleza nativa digital. No sólo el procesado de bits tiende al coste marginal cero: también el procesado de átomos o de células. La impresión 3D permite, en manufacturing, avanzar hacia un modelo de producción doméstica, en el cual, a partir del plano digital, y disponiendo del material, la fabricación de una nueva pieza tenga coste marginal cero. Laboratorios biológicos son capaces de tratar información genética (con principios y soportes digitales), para desarrollar alimentos artificiales (genéticamente idénticos a los originales) a partir de células madre, virtualmente de la nada. La materia y la energía se tratarán de forma creciente y cada vez más eficiente, a partir de información digitalizada, transfiriendo los principios de la digitalización a productos físicos y sistemas biológicos.

Todo ello genera una gran paradoja en el capitalismo: para la economía ortodoxa, en un sistema perfectamente competitivo, el ingreso marginal iguala el coste marginal. Pero si el coste marginal es cero, ¿cómo generar ingresos marginales? Y, aún más, ¿cómo mantener márgenes empresariales?. En términos de estrategia competitiva: ¿cómo competir con alguien que es capaz de generar productos y servicios a coste cero? En términos socioeconómicos: ¿cómo mantener una economía de bienes y servicios gratuitos, cuya producción no genera costes (tampoco costes salariales)? Se abren escenarios tan utópicos como escalofriantes.



21 de agosto de 2017

LA ECONOMÍA DE LA ABUNDANCIA

India ha decidido substituir el despliegue de 14 GWatts de energía térmica por energía solar. Renuncia a seguir quemando carbón, ante el exponencial incremento de eficiencia de la tecnología solar y la caída en picado de su precio, a niveles hasta hace poco considerados imposibles. En Alemania, los récords de obtención de energía limpia se suceden: durante tres días de mayo, el 85% de la electricidad consumida provino de fuentes renovables. En 2016 ya había conseguido que la totalidad de su energía, por un día, fuera renovable, algo que podría ser habitual en 2030. Son hitos limitados, pero que apuntan a un futuro esperanzador. El progreso de la energía solar sigue la llamada “ley de Swanson”: su precio cae un 20% cada vez que la producción mundial se duplica. Incluso en la América de Trump, las renovables han superado en suministro eléctrico a la energía nuclear, y los estados más innovadores, como California y Massachusetts plantean alimentarse íntegramente de energías renovables en 2045 y 2050, respectivamente.

Sorprendentemente, avanzamos hacia un escenario de abundancia energética. Un mundo de energía casi infinita, a coste casi cero, es factible. El acelerado progreso tecnológico rompe las barreras de lo imaginable hasta hace muy poco. Y es que la tecnología es una increíble fuerza liberadora de recursos. En 1870, sólo el inmensamente rico rey de Siam disponía de cubiertos de aluminio, un recurso más escaso (y más caro) entonces que el oro. Hasta que dos químicos, Halt y Heroult, descubrieron el proceso de síntesis de aluminio a partir de la bauxita (uno de los minerales más abundantes de la tierra), haciendo su uso asequible a todo el mundo. La ciencia y la tecnología hacen posible lo imposible.

Hoy se suceden avances insólitos, que hace sólo 25 años hubieran parecido ciencia-ficción. Disponemos de información infinita e instantánea a coste cero (internet). Posibilidades gratuitas de localización avanzada por satélite (vía GPS) y mapas detallados de cualquier parte del mundo (Google Earth). Comunicaciones móviles ubicuas. Almacenamiento de memoria y proceso de datos casi ilimitado. Ocio digital inacabable (vídeos, música, juegos, libros, fotografía). Interacción social digital gratuita sin límites (Facebook). Tenemos en nuestras manos una inimaginable abundancia de datos para procesar, progresar, aprender, e interactuar, a coste cero. Y la revolución tecnológica extiende la abundancia a otros campos. La síntesis artificial de alimentos avanza decididamente hacia la generación de comida infinita, creada en laboratorio, a partir de células madre, a coste exponencialmente decreciente. ¿Chocante? El propio Winston Churchill ya predijo en 1931 que la humanidad “se liberaría de la absurdidad de hacer crecer pollos enteros para alimentarse”. La primera hamburguesa artificial, generada a partir de células de vaca vio la luz en 2013. Costó 325.000 $. Hoy se producen ya por 11 $ la unidad. En pocos años su precio se reducirá significativamente por debajo de las hamburguesas convencionales y entrarán masivamente en el mercado. La carne sintética es genéticamente idéntica a la original, pero creada sin animales. Sin granjas. Sin coste medioambiental. Sin deforestación y sin consumo masivo de agua como requiere la producción tradicional. La carne artificial no contiene antibióticos, ni bacterias. Se utiliza un 99% menos de espacio, un 96% menos de agua, y se eliminan las emisiones de CO2 animal (una de las principales causas de contaminación mundial). Se prepara una disrupción a gran escala en el sector de la alimentación: en pocos años, miles de silenciosos laboratorios alimentados por energía solar fabricarán filetes de cerdo, pollo o vaca, de la nada, a coste marginal cero.

Quizá Malthus estaba equivocado: en lugar de superpoblación y escasez de recursos, el futuro puede ser de equilibrio demográfico y abundancia. Las sociedades, a medida que se incorporan a economías avanzadas y acceden a sanidad y educación, frenan sus tasas de fertilidad. Pronto, sólo crecerá África, el gran problema latente. Japón, de hecho, es un país muy viejo. Europa y EEUU envejecen. Incluso las poblaciones de China y Latinoamérica dejan de crecer demográficamente. Con todo ello, podemos ser optimistas. Pese a nuestra adicción a las malas noticias, vivimos en el mejor de los tiempos posible. Según The Guardian, la proporción de población mundial en extrema pobreza ha caído por debajo del 10% por primera vez. La mortalidad infantil es la mitad que la de 1990, y 300.000 nuevas personas acceden a electricidad cada día. La alfabetización ya alcanza el 85% de la población mundial. Y hemos creado más conocimiento científico en las dos últimas generaciones que en las 10.000 que las precedieron. Si dejamos que la fuerza de la tecnología siga actuando, podemos aspirar a un futuro esperanzador, en el que la riqueza de los países no dependa de pozos de petróleo, sino de su talento y de la fuerza del sol; y en el que alimentación, información, energía, educación, y sanidad se produzcan a coste marginal cero, y su acceso sea, por tanto, universal.

Quizá las turbulencias económicas y políticas que sufrimos sean los síntomas de la convergencia global hacia un nuevo modelo económico, la paradójica transición a una economía de   abundancia y coste marginal cero, que no comprendemos y que deberemos aprender a gestionar. De hecho, los principios económicos a los que estamos acostumbrados se sustentan en hipótesis de escasez y competencia por recursos limitados. El principal reto de los años venideros es acelerar el ritmo de tránsito hacia esta economía de la abundancia, incrementando las inversiones en I+D, y generando los mecanismos distributivos para extender la riqueza tecnológica a todo el planeta.

(Artículo publicado originalmente en La Vanguardia, el 20/08/2017)